Sábado de gloria
¿Descendió literalmente
Cristo al infierno?
Por siglos el pasaje de
1 Pedro 3:18-20 a representado un verdadero problema de interpretación. A
partir del segundo siglo este pasaje se convirtió en centro de atención tanto
de teólogos como de biblistas.
Como sabemos, la
interpretación de un pasaje bíblico siempre está mediada por el método hermenéutico
que usemos. Por ello les dejo el resumen preciso y conciso que nos presenta
Green sobre las principales interpretaciones que este pasaje ha tenido a lo
largo de la historia de la Iglesia. Como Green trabaja con el gran historiados
Justo L. González en esta obra, me parece adecuado considerarlo.
Por último, les comparto
la interpretación que propone Edouard Cothenet, pues en su análisis considera
los aportes de la hermenéutica contemporánea sobre este problema.
Datos e interpretaciones
de 1 Pedro 3:18-20
Eugenio Green.
Comentario Bíblico Hispanoamericano 1 Pedro y 2 Pedro. Editorial Caribe, Miami,
1993.
1. Es
interesante que el pasaje no se asociaba con la doctrina del descenso de Cristo
hasta 190d.C. cuando Clemente Alejandrino le dio esta interpretación. El descenso
se enseñaba antes de ese tiempo, pero no en asociación con 1Pedro 3.19.
2. Ciertos
intérpretes durante esa época, (Siglo II) como Justino, entendían los «espíritus
encarcelados» como los justos del Antiguo Testamento a los cuales Cristo trajo el
mensaje de la salvación. Según esta lectura del pasaje, los justos eran específicamente
los que se convirtieron antes del diluvio.
3. Durante
esos años también encontramos la posición de que Cristo hizo proclamación a los
espíritus sobrenaturales y por el otro lado que predicó en su forma
preexistente a los contemporáneos de Noé. Esta última interpretación era la que
Agustín defendió.
4. Durante
la edad media no hubo avances en la interpretación de nuestro texto. Muchos seguían
la interpretación de Agustín, mientras otros decían que 1 Pedro3.19 enseñaba el
descenso de Cristo a fin de predicar salvación a los que estaban en el Hades. Algunos
que proponían esta última lectura del pasaje defendían la posición de que algunos
llegaran a creer en el infierno, pero otros decían que la salvación última de los
que oyeron la predicación en el Hades dependía de las actitudes de esas personas
mientras vivieron en el mundo.
5. Los
reformadores por lo general evitaron la doctrina del descenso al infierno, y por
eso seguían la interpretación de Agustín. Pero aparece también la idea del descenso
de Cristo sólo para proclamar la condenación a los impíos en el infierno.
Edouard Cothenet. Las
Cartas de Pedro. Verbo Divino, Navarra,1984.
Según algunos
comentaristas recientes, 1 Pedro se inspiraría aquí en el libro de Henoc. El patriarca
fue encargado por Dios para anunciar a los ángeles rebeldes, responsables de la
depravación del género humano (Gn 6, 1-4), su condenación definitiva: «Vete,
diles a los vigilantes del cielo que te han enviado a suplicar por ellos: a vosotros
os conviene interceder por los hombres y no a los hombres por vosotros. ¿Por
qué habéis abandonado el cielo altísimo y santísimo, que es eterno, y os habéis
unido a las mujeres... y habéis engendrado gigantes, como hijos?.». Y el
mensaje divino concluye con estas palabras: «No hay paz para vosotros» (Henoc
15-16).
A esta interpretación se
opone el carácter siempre benéfico del mensaje que se expresa por los verbos
predicar (v. 19) y evangelizar (4, 6).
Los espíritus
encarcelados se identifican en nuestro texto con la generación incrédula del
diluvio. Según las explicaciones tradicionales en el judaísmo, esa generación
se habría resistido a creer en las amenazas de Noé, «pregonero de rectitud» (2
Pe 2,5; véase p. 58), Y representaría por ello a los pecadores endurecidos.
Pues bien, en el evangelio se constata que Jesús se empeña en combatir la falsa
seguridad de sus contemporáneos: los grandes pecadores no son los que se
situaron en el pasado o entre otros pueblos, la gente de Tiro o de Sidón, los
habitantes de Sodoma, sino los que ahora se niegan a escuchar su predicación,
más importante todavía que la de Jonás (Mt 12, 38-42). ¿No podría deducirse de
estas palabras de Cristo que la condenación eterna de los pecadores de antaño
no estaba necesariamente pronunciada?
Con palabras
encubiertas, sin pronunciarse de forma clara, Pedro nos orienta en esta
dirección, como comprendieron los intérpretes más antiguos. Bajo una forma
mítica (el viaje a los infiernos), que es preciso interpretar, Pedro insinuaría
entonces que, por la realidad de su muerte, por su solidaridad en la muerte con
todos los difuntos, Cristo traía incluso para los mayores pecadores una
posibilidad de conversión. No es necesario para ello imaginarse una conversión
después de la muerte -a lo que con razón se oponía san Agustin-, pero sí cabe
pensar en un efecto anticipador del misterio pascual, tal como deja entender
Pablo mediante la comparación entre los dos Adanes (Rom 5, 12-21).
Aun insistiendo en el
carácter abierto de nuestro texto, no es posible desconocer la realidad del juicio
de Dios. Recogiendo los términos tradicionales, 1 Pe ve en las pruebas de la
comunidad el primer acto del juicio (4,17) que ha de alcanzar a vivos y a
muertos (4, 5). Todos los que se han negado a creer en la palabra(2, 8) -bajo
cualquier forma que se les haya presentado conocerán la condenación definitiva
(4, 18).
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