Jueves de Intimidad

El jueves de intimidad transcurre entre el relato de la última cena y la angustiosa oración de Jesús en el Getsemaní. Quiero reflexionar con ustedes sobre esa oración que Jesús eleva en los momentos previos a su muerte. El relato lo encontramos en Mateo 26:36-46
36 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.
37 Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.
38 Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.
39 Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú…
42 Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
Este episodio de la vida de Jesús representó un verdadero problema para la cristología primitiva. Una oración con estas características no es propia de un Dios, aunque este sea humano. El emperador Juliano (siglo IV d.C.), gran perseguidor de los cristianos, usaba estos pasajes para mofarse del cristianismo pues Jesús aparece aquí como una persona desgraciada incapaz de soportar su destino.[1]

Celso (siglo II d.C.), otro gran crítico del cristianismo, solía decir que Jesús ni siquiera podía compararse a un sabio, pues incluso el gran Sócrates aceptó la muerte pese a que esta se daba de forma injusta. Él veía en las palabras de Jesús un desprecio por la muerte y quien desprecia la muerte, no puede ser un sabio mucho menos un dios. “Estas palabras no son dignas de un hijo de Dios, ni siquiera de un sabio que desprecia la muerte”[2]

Veinte siglos después, este relato fascina a muchos, pues la cristología contemporánea ha resaltado más los aspectos humanos de Jesús, que sus atributos divinos. Tan simple, al hombre antiguo lo fascinaba el Jesús Dios, al hombre contemporáneo lo fascina el Jesús hombre, como bien señala Wernle “Cuanto más humano concibamos a Jesús, más fácil de entender resultará hoy”[3] Y qué mejor muestra de las angustias humanas, que encontrarnos con Jesús quien no sólo padece externamente, sino que su interior se estremece ante el sufrimiento[4].

De todas las explicaciones que podamos darle a este pasaje, me gustaría dialogar con las opiniones del Dr. Bonilla, pues aquí podemos encontrar un gran ejemplo de cómo podemos triunfar sobre la crisis.
Jesús sabe que su hora ha llegado, sabe que será crucificado y que su muerte será una de las muertes más dolorosas jamás inventadas y por ende tiene miedo, sufre y quiere buscar otra alternativa para no transitar ese camino. Aquí es donde el Dr. Bonilla[5] ve las tres fases de la crisis perfectamente ejemplificada en Jesús.

11. La negación. En toda crisis lo primero que sucede es la negación de la realidad. Ante la pérdida de un ser amado negamos que eso esté ocurriendo, ante el divorcio negamos que eso sea verdad, ante el despido de un trabajo al que dedicamos la vida, no podemos aceptar que tal cosa esté ocurriendo. Jesús ora con una angustia profunda ¡Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa! Mt 26:39. Jesús está cerca de su realidad, de su propósito, de aquello por el que ha esperado toda su vida. Sin embargo, de cara a esa realidad, trata de negociar con Dios para que tal cosa no suceda ¿Acaso en la crisis no negociamos con Dios para que las cosas sean diferentes? Pero Jesús toma la decisión correcta, pues cuando la realidad lo supera, él ora al Padre para que sea la voluntad de Dios que prevalezca y le abra el horizonte de la esperanza.
22. Soledad. En la crisis llegará un momento en que nos encontraremos completamente solos. Llega ese día en que los amigos, hasta los más íntimos, nos abandonan. Jesús les pide a sus discípulos que lo acompañen, que velen y oren con él pues su alma está angustiada hasta la muerte. Pero cuando el maestro se acerca a ellos, encuentran que estos están durmiendo. Jesús los despierta y les suplica que oren porque la noche es más oscura, sin embargo, cuando el vuelve a ellos para sentir su apoyo, resulta que siguen durmiendo.
Lo mismo nos pasa en la crisis, llegará ese momento en que nos sentiremos completamente solos y no porque nuestros amigos sean malos o porque no nos quieran, simplemente es que ellos no comprenden nuestro dolor. Por más que nos esforcemos en compartir nuestros sentimientos solo nosotros lo entendemos ¡nadie más! Cuando eso ocurra, no es el momento para descargar nuestros berrinches en internet contra los malos amigos, no es el momento para las indirectas señalando a los verdaderos amigos. Es el momento para apoyarnos en Dios, pues cuando los otros son incapaces de comprender nuestro dolor, nuestro Dios lo entiende perfectamente. Por ello, cuando Jesús logra vencer la crisis, se acerca a sus amigos y les dice “tranquilos, descansen, se acerca el que me entrega”. No se aparta de ellos, no cambia de amigos, simplemente entiende que la crisis tiene que resolverla él y Dios pues nadie la entiende mejor que ellos.
33. Aceptación. La última fase de la crisis es la aceptación. Es cuando aceptamos que las cosas han cambiado y serán diferentes de ahora en adelante, sin embargo, pese a que las cosas serán diferentes, Dios aún tiene el control. Jesús acepta la voluntad del Padre, no es la más cómoda, pero la acepta sabiendo que Él sabe lo que hace. Las horas que continúan no representan para Jesús una decisión sobre su muerte pues en el Getsemaní el Maestro ha vencido.

¡Glorioso Maestro! ¡Maestro Vencedor! No sólo venció al pecado, a la muerte, al diablo, también venció la crisis; y nos mostró el camino para que usted y yo podamos vencer también. Por eso ¡En Cristo somos más que vencedores cualquiera sea la circunstancia por la que tengamos que atravesar!
Feliz Jueves



[1] Teodoro de Mopsuestia, In Ev Comm fragmenta, PG 66.
[2] Celso. Contra los Cristianos. Fr 62
[3] P. Wernle. Jesús. Tübingen, 1916.
[4] Luz, Ulrich. El Evangelio según San Mateo Mt 26-28 IV. Ediciones Sígueme, Salamanca, 2005.
[5] Bonilla, Yattenciy. Sermón predicado en la Iglesia Central de Hermosillo. Marzo de 2016.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Miércoles de retiro

Una teología que no sirve para nada